jueves, 17 de febrero de 2011

EE.UU.: ¿Nación democrática sólida

A través de mucho tiempo se viene repitiendo por todo el mundo que los Estados Unidos de Norteamérica se conformaron en un territorio fuertemente democrático, con un Estado Social de Derecho impermeable a cualquier práctica anómala que fuera en detrimento de las instituciones bien construidas nacionalmente en pro del desarrollo político, jurídico, social, económico, etc.

En una entrevista reciente, el intelectual norteamericano Noam Chomsky dijo sin chovinismos lo que según él, está ocurriendo en el país de las supuestas libertades: “existe un pronunciado y profundo desprecio de Estados Unidos por la democracia en el mundo árabe. Estados Unidos está aterrado con la democracia, porque la democracia puede llevar a la independencia. Mientras la población esté bajo control y tengan a un dictador de su lado, hacen lo que quieren”. Una persona desprevenida (¿La mayoría?) tomaría estas palabras como una agresión al país del “sueño americano”.

Como si la diosa Palas Atenea estuviera dándome indicaciones para ir formando un corpus argumental que le diera bases a la opinión que tengo sobre la doble moral del imperio de América del Norte, encontré en la selección semanal del periódico The New York Times que ofrece el diario El espectador, un análisis que hizo el columnista de opinión del diario neoyorquino, Scott Shane, sobre la relación que ha tenido EE.UU. con dictadores de varios países del mundo, apoyándolos políticamente con grandes sumas de dinero. Scott Shane nos recuerda el apoyo que tuvieron de EE.UU. algunos gobernantes despóticos en varios períodos de la historia: Fulgencio Batista y Zaldívar, de Cuba, “El Hombre” (1940-1944, 1952-1959), Mohammed Reza Pahlavi, el Shah de Irán (1941-1979), Ferdinand Edralin marcos, de Filipinas (1965-1986). George H.W. Bush hizo un elogio sin inmutarse -cuando era vicepresidente del gobierno de Ronald Reagan- del gobierno filipino de Marcos: “nos encanta su apego a los principios democráticos y al proceso democrático”. ¿Principios democráticos en un gobierno que sumaba tres lustros?

Creo que es justo y necesario suprimir el cliché de que EE.UU. es una gran nación democrática, de la cual hay que seguir tomando como modelo sus instituciones: ¿los bancos han socializado las ganancias?, ¿han privatizado las perdidas?, ¿o fue al revés?; Partidos políticos, ¿emular el racismo del Partido Republicano de hoy? ¿Seguir la forma de hacer política del Tea Party?; política exterior, ¿invadir territorios soberanos y apoyar dictadores?; política interior, ¿crear xenofobia diciendo que la culpa de los altos niveles de desempleo la tienen los hispanoamericanos? No faltará alguien que me diga que la realpolitik está por encima de la democracia si los intereses de EE.UU. se ven afectados.

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