viernes, 11 de febrero de 2011

Viernes santo democrático

El viernes es el día sagrado que establecieron los musulmanes para hacer la oración (Salat Al-Yumu‘ah), obligatoria para todo musulmán hombre no para la mujer, el enfermo, el menor o el viajero, a Allāh, por considerar que ese día, según el profeta, fue creado Adán; el mejor día que sale el sol es el viernes; el día del juicio final será un viernes. Y es precisamente ese día (viernes 11 de febrero) que se produce la dejación del poder de la primera magistratura de Egipto por parte de Hosni Mubarak. Indudablemente que esta coyuntura quedará registrada en los anales históricos, por el hecho de haberse producido un movimiento transicional, un cambio en la estructura política, que modifica el sentido de la historia.

A diferencia de la revolución iraní o Islámica de 1979, la revolución egipcia no persigue la instauración de un régimen de corte religioso, sino que el pueblo quiere libertad e igualdad para todos, en todos los campos. El pueblo (gobernados) siempre ha delegado las decisiones colectivas, como corresponde, a las instituciones gubernamentales (gobernantes) para que ésta las realice. Pero en este caso, el populus ha ejercido su poder, sin ninguna clase de intermediarios, para sacar del gobierno a una persona que se burló de los gobernados, aferrándose en el gobierno por un tiempo que la democracia no admite. Según esto, estaríamos hablando de un cambio, gestado por la soberanía popular, que se basa en los principios de la ilustración dieciochesca. No quiere decir esto que la juventud egipcia se ciñó adrede en el pensamiento enciclopédico, sino que lo aplicó en forma inconsciente. En un estudio preliminar de María José Villaverde sobre la obra de Jean Jacques Rousseau, El Contrato Social (Ediciones Altaya, 1993), se interpreta el pensamiento rousseauniano así: “el pueblo debe obligatoriamente hacer las leyes por sí mismo, siendo el gobierno un simple comisionado encargado de la ejecución de los mandatos del soberano, obligado a rendir cuentas, y pudiendo ser destituido por éste en cualquier momento”.

Para los egipcios este será un viernes inolvidable (viernes capilar para los barranquilleros), en el cual se cumplió su mandato de terminar de una vez por todas con un gobierno de casi seis lustros. ¿Se atreverá a decir un godo que la rebelión del pueblo es un delito? ¿O dirán que lo que aconteció en Egipto fue un golpe de estado? ¡Viva la redbelión del pueblo!

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