miércoles, 9 de febrero de 2011

Contra la tortura

La reciente noticia sobre la cena de gala que tendría el expresidente de Estados Unidos George Walker Bush, el próximo 12 de febrero en Ginebra, Suiza, con la organización pro israelita Keren Hayessod, pone de manifiesto, aún más, el despertar de la consciencia global con respecto al rechazo que está empezando a aflorar contra los presidentes-dictadores de cualquier lugar del orbe.

Algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), cuando se enteraron de que el expresidente estadounidense viajaría al país helvético, organizaron manifestaciones en señal de protesta por la visita de una persona no grata, pro tortura. Por tal motivo el portavoz del expresidente anunció que el viaje al país centroeuropeo se cancelaba. Entonces, queda claro que habrá una silla vacía en la 'Dîner' de gala, porque de todos modos se realizará la susodicha. Un amigo me dijo que era mejor que se hubiera cancelado esa visita, para que la esposa del expresidente no pasara una vergüenza. ¿Y eso por qué?, le pregunté. Me ha dicho con sarcasmo: “es seguro que George Bush le habría dicho a alguien que quería conocer el mar que baña a los suizos”.

Causa hilaridad el sofisma de distracción que utilizó el portavoz para cancelar el viaje, al decir que temían que los manifestantes suizos formaran desórdenes al llegar el expresidente a territorio Suizo. Pero, ese temor se debe a otro motivo. El expresidente puede ser investigado y posiblemente procesado en cualquiera de los 147 países firmantes de la Convención de la ONU contra la tortura. Se sabe que Suiza es uno de los países que lucha contra este delito de lesa humanidad.

El trasfondo de todo este asunto se basa en el informe que le envió Amnistía Internacional a la Fiscalía de Suiza para que investigara la posible responsabilidad penal del señor George Bush por haber autorizado la tortura de “sospechosos de terrorismo”. En su libro “Decision Points” (se vendieron más de 775.000 ejemplares en su primera semana en el mercado) el expresidente confiesa que el waterboarding (hundir la cabeza del 'sospechoso' en agua) y otros métodos de tortura eran necesarios para conseguir información y salvar al mundo de los terroristas. Así, que no es descabellado decir que ese gobierno de ocho años fue una dictadura democrática.

Si un régimen democrático que se considera dentro de los que están mejor estructurados a nivel mundial, como es el estadounidense, se deja permear por esta persona abominable, qué se puede esperar de otros sistemas políticos, verbigracia, como el de Colombia. A propósito, el gobierno colombiano de ocho años que precedió al actual, se constituyó en una dictadura democrática, la cual se justificó políticamente y se aceptó moralmente por amor a la patria, permitiendo el abuso del poder político.

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